"Que las conductas sociales tengan una base biológica no significa que sean fijas e inamovibles; el determinismo biológico es falso, no somos máquinas programadas por nuestros genes, sino que en última instancia podemos decidir entre el bien y el mal", afirma Carles Lalueza, profesor de la Unidad de Antropología de la Universidad de Barcelona, que, junto a Óscar Vilarroya, director de la cátedra El Cerebro Social, de la Universidad Autónoma de Barcelona. No todos en el mundo científico están de acuerdo. Susan Blackmore , por ejemplo.O Patricia Churchland. Me hubiera gustado asistir a la ponencia Somos o nos hacemos, organizado el pasado martes por el Aula EL PAÍS y el Observatorio de la Comunicación Científica de la Universidad Pompeu Fabra.Seguramente no existe tema más trascendente en filosofía en estos momentos que el del libre albedrío. No volverá la filosofía a ser una disciplina meramente introspectiva después de la irrupción de la neurociencia.
Desde estas premisas ¿cómo juzgar el horror? ¿cómo satisfacer la necesidad de retribución que los humanos también tenemos inscrita en nuestro cableado básico? Si es cierto que disfrutamos de un margen para la elección ¿no determinará una valoración no moral y no punitiva de un caso como el de Fritzl que lado de la línea escogerán algunos tarados indecisos que sólo necesitan un empujoncito? Dice Enrique Rojas: "Ayer mismo, algunos periodistas que me entrevistaron a propósito de mi último libro, me preguntaban: ¿Es una persona normal, es un enfermo? ¿Qué pasa por la cabeza de un sujeto que tiene este tipo de comportamiento durante tantos años? ¿Cómo se llama a eso? Las preguntas saltan, suben, bajan, se arremolinan en torno a un hecho kafkiano, abrumador, perverso, repleto de patología. Mi respuesta es así de clara: Fritzl es un psicópata de libro y los hechos de su vida tienen el tono sobrecogedor y la firma de un severo y atroz trastorno de la personalidad."
En los EEUU se han empezado a dejar de lado los eximentes de los delitos basados en circunstancias sociales, familiares o de consumo de sustancias que alteran la personalidad, o por lo menos a determinar que pocas veces impiden al acusado la distinción entre el bien y el mal. El grado de confusión que provocaban, con el resultado de percibir a la justicia como una institución más centrada en proteger al delincuente que a la víctima, puede que lleve a la larga a que a un delito determinado le corresponda una pena concreta sin más valoraciones paralelas.Quizá de esta manera la cuestión del libre albedrío llegue a ser perfectamente superflua en cuestiones penales y quede con ello intacta la cuestión de la responsabilidad social de cualquier individuo respecto a las consecuencia de sus actos, requisito ineludible para una convivencia pública sostenible.
Esta es una idea poco cristiana, pero más acorde con un conocimiento del ser humano mucho más completo e impensable hasta hace sólo unas décadas.
Siempre que afloran los prejuicios éticos o nacionales,
en tiempos de escasez, cuando se desafía la autoestima o vigor nacional,
cuando sufrimos por nuestro insignificante papel y significado cósmico
o cuando hierve el fanatismo a nuestro alrededor, los hábitos de pensamiento
familiares de épocas antiguas toman el control. La llama de la vela parpadea.
Tiembla su pequeña luz. Aumenta la oscuridad.
Los demonios empiezan a agitarse (Carl Sagan).
en tiempos de escasez, cuando se desafía la autoestima o vigor nacional,
cuando sufrimos por nuestro insignificante papel y significado cósmico
o cuando hierve el fanatismo a nuestro alrededor, los hábitos de pensamiento
familiares de épocas antiguas toman el control. La llama de la vela parpadea.
Tiembla su pequeña luz. Aumenta la oscuridad.
Los demonios empiezan a agitarse (Carl Sagan).
no lo esperen
"¿Desde cuándo los aficionados a lo oculto han dejado que la realidad les estropee una buena creencia?" dicen aquí. Un estudio médico en el cual, en hospitales de Londres, se ha seguido a más de 2.000 bebés británicos nacidos a principios de marzo de 1958,con diferencias de minutos tan sólo en sus edades, y con el objetivo de comprobar de qué manera afectan a largo plazo a la salud cuestiones relacionadas con las costumbres, como la dieta etc, ha permitido como by product demostrar que la astrología no funciona. "Ha sido imposible encontrar ningún tipo de sesgo",dicen los investigadores. Pero ya saben que va a dar igual.
(Gentileza de Verónica)
(Gentileza de Verónica)
gobernanza
martes, 29 de abril de 2008
Este es un concepto que viene arrasando. Dice la
Wikipedia que “Gobernanza es el concepto de reciente difusión para designar a la eficacia, calidad y buena orientación de la intervención del Estado, que proporciona a éste buena parte de su legitimidad en lo que a veces se define como una "nueva forma de gobernar" en la globalización del mundo posterior a la caída del muro de Berlín (1989). También se utiliza el término gobierno relacional.” Es un término nuevo pero ya incluido en el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia que lo define como "Arte o manera de gobernar que se propone como objetivo el logro de un desarrollo económico, social e institucional duradero, promoviendo un sano equilibrio entre el Estado, la sociedad civil y el mercado de la economía". Hay quien lo quiere ver como una manera de gobernar que se propone como objetivo el logro de un futuro sostenible. La gobernanza trata de las actuaciones públicas relacionadas con los temas más complejos, diversos y dinámicos de nuestro tiempo y característico de este. Se supone que es un sistema para “comprender positivamente y reformar normativamente la estructura y procesos de gobernación en todos aquellos ámbitos en que la burocracia o la nueva gerencia pública resultan inapropiados”. A diferencia de lo que afirma la Wikipedia, aquí dicen que “en la medida en que pueda ser considerada un paradigma, no tiene pretensiones de universalidad”.
Wikipedia que “Gobernanza es el concepto de reciente difusión para designar a la eficacia, calidad y buena orientación de la intervención del Estado, que proporciona a éste buena parte de su legitimidad en lo que a veces se define como una "nueva forma de gobernar" en la globalización del mundo posterior a la caída del muro de Berlín (1989). También se utiliza el término gobierno relacional.” Es un término nuevo pero ya incluido en el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia que lo define como "Arte o manera de gobernar que se propone como objetivo el logro de un desarrollo económico, social e institucional duradero, promoviendo un sano equilibrio entre el Estado, la sociedad civil y el mercado de la economía". Hay quien lo quiere ver como una manera de gobernar que se propone como objetivo el logro de un futuro sostenible. La gobernanza trata de las actuaciones públicas relacionadas con los temas más complejos, diversos y dinámicos de nuestro tiempo y característico de este. Se supone que es un sistema para “comprender positivamente y reformar normativamente la estructura y procesos de gobernación en todos aquellos ámbitos en que la burocracia o la nueva gerencia pública resultan inapropiados”. A diferencia de lo que afirma la Wikipedia, aquí dicen que “en la medida en que pueda ser considerada un paradigma, no tiene pretensiones de universalidad”.
las fronteras de lo sagrado
sábado, 26 de abril de 2008
Estuve unos días en Madrid y tres amigos me regalaron un libro suyo. Justo cuando llegué a Barcelona, tenía esperándome un paquete que contenía la novela de otro querido allegado. Así que me dispuse a darles un vistazo general para evitar ponerlos en la cola eternizándose y agradecerles de manera más diligente su generosidad con unos comentarios basados, que le vamos a hacer, en la típica lectura en diagonal. Y empecé por “Movimientos cívicos” del muy querido Carlos Martinez Gorriarán. Es más, puestos a acortar, me dirigí directamente al capítulo que hablaba de Ciutadans y de los movimientos previos pues pensé que sería lo que más me interesaría. Pero caí presa de patas en el librito en cuestión. La lectura que quiso ser diagonal, ahora es concéntrica; es en tres dimensiones y todo. Vamos, que lo estoy devorando. Y no sabe Carlos el trabajo que me está ahorrando pues en estoy encontrando ya desarrolladas ideas que siento como muy mías y que me disponía a atacar en breve. Una de ellas, la del eje “universalismo”/”relativismo” que es la primera vez que se lo conocía (aunque soy bastante despistada) pues de lo que tenía descrito en su blog me quedé con su interpretación de la filosofía de UPyD en los dosejes “derecha”/”izquierda”, “reaccionario”/”progresista”. La asunción de unos conceptos de carácter universal y compartibles y extensibles a todos los seres del planeta es una de las cuestiones que más me interesan y forman parte de la tesis del libro que ahora estoy escribiendo, de la misma manera que ya están presentes en “Diari d´una escèptica”.
Pues bien, ahora mismo, querría comentar algo de la página 25. Precisamente estos días estoy leyendo algunos papeles de Scott Atram disponibles en la red. En éste el famosos antropólogo nos advierte de que los incentivos de tipo material, concesiones territoriales o de ayuda humanitaria ofrecidos a terroristas no sólo no ayudan en nada a resolver conflictos enquistados, sino que los agravan. Porque cuando el marco ideológico es irracional (suele serlo en todos los casos en que interviene el terrorismo puesto que no es normal –pero no imposible- que se mate la gente por defender que dos y dos son cuatro o la eficacia de una vacuna demostradamente útil), es decir, “sagrado”, tiene un efecto de “ultraje” causado por la humillación de recibir del enemigo y por la misma inespecificidad del significado de esas fronteras sagradas. Hay ya una amplia experiencia por parte de economistas conductuales y científicos cognitivos sobre las “fronteras sagradas” que están presentes en los conflictos geopolíticos. Scott Atran ha trabajado intensamente sobre los límites de la elección racional en conflictos políticos y culturales, siendo un experto en terrorismo transnacional. En este blog , Bilbaopundit dice: “El modelo del Actor Racional predice que los palestinos "deberían" retornar a un estado autónomo en la franja oriental y Gaza, renunciando a sus aspiraciones sobre Jerusalén -especialmente cuando los EE.UU y Europa proporcionarían a cada familia palestina unos 1000 $ anuales durante al menos una década de asistencia económica. Los independentistas vascos quizás deberían también renunciar a la anexión de Navarra…si no fuera porque el territorio navarro para los "abertzales" o Jerusalén para Hamas, no son sólo "territorios", sino partes de la economía de lo sagrado. ¿Qué sentido tiene entonces el "diálogo", cuando se plantea en términos "standard", según criterios habermasianos de racionalidad y universalidad? ¿Y qué decir del "ecumenismo" religioso? ¿Cómo se "dialoga" entre sacralidades enfrentadas? En particular cuando solo uno de los interlocutores parte del modelo "racional", renunciando a cualquier "economía sagrada", mientras que otro parte del "devocional" -y este parece ser el caso del así llamado "proceso de paz" en España…no es difícil predecir que los actores racionales llevarán todas las de perder.”
Carlos M. Gorriarán confiesa en su libro: “mi propia experiencia de “diálogo” con los proetarras, muy común por otra parte en la sociedad vasca, me llevó muy pronto a descreer de la teoría que pretende resolver los conflictos causados por el terrorismo mediante el diálogo, la empatía y la negociación de concesiones mutas”. Pues bien, esto ya fue en su momento una constatación de la realidad, y una intuición profunda de que la naturaleza de los conflictos con base “sacra” no se negocian. No puede haber diálogo entre la razón y la irracionalidad. Y las investigaciones científicas lo demuestran fehacientemente.
Pues bien, ahora mismo, querría comentar algo de la página 25. Precisamente estos días estoy leyendo algunos papeles de Scott Atram disponibles en la red. En éste el famosos antropólogo nos advierte de que los incentivos de tipo material, concesiones territoriales o de ayuda humanitaria ofrecidos a terroristas no sólo no ayudan en nada a resolver conflictos enquistados, sino que los agravan. Porque cuando el marco ideológico es irracional (suele serlo en todos los casos en que interviene el terrorismo puesto que no es normal –pero no imposible- que se mate la gente por defender que dos y dos son cuatro o la eficacia de una vacuna demostradamente útil), es decir, “sagrado”, tiene un efecto de “ultraje” causado por la humillación de recibir del enemigo y por la misma inespecificidad del significado de esas fronteras sagradas. Hay ya una amplia experiencia por parte de economistas conductuales y científicos cognitivos sobre las “fronteras sagradas” que están presentes en los conflictos geopolíticos. Scott Atran ha trabajado intensamente sobre los límites de la elección racional en conflictos políticos y culturales, siendo un experto en terrorismo transnacional. En este blog , Bilbaopundit dice: “El modelo del Actor Racional predice que los palestinos "deberían" retornar a un estado autónomo en la franja oriental y Gaza, renunciando a sus aspiraciones sobre Jerusalén -especialmente cuando los EE.UU y Europa proporcionarían a cada familia palestina unos 1000 $ anuales durante al menos una década de asistencia económica. Los independentistas vascos quizás deberían también renunciar a la anexión de Navarra…si no fuera porque el territorio navarro para los "abertzales" o Jerusalén para Hamas, no son sólo "territorios", sino partes de la economía de lo sagrado. ¿Qué sentido tiene entonces el "diálogo", cuando se plantea en términos "standard", según criterios habermasianos de racionalidad y universalidad? ¿Y qué decir del "ecumenismo" religioso? ¿Cómo se "dialoga" entre sacralidades enfrentadas? En particular cuando solo uno de los interlocutores parte del modelo "racional", renunciando a cualquier "economía sagrada", mientras que otro parte del "devocional" -y este parece ser el caso del así llamado "proceso de paz" en España…no es difícil predecir que los actores racionales llevarán todas las de perder.”
Carlos M. Gorriarán confiesa en su libro: “mi propia experiencia de “diálogo” con los proetarras, muy común por otra parte en la sociedad vasca, me llevó muy pronto a descreer de la teoría que pretende resolver los conflictos causados por el terrorismo mediante el diálogo, la empatía y la negociación de concesiones mutas”. Pues bien, esto ya fue en su momento una constatación de la realidad, y una intuición profunda de que la naturaleza de los conflictos con base “sacra” no se negocian. No puede haber diálogo entre la razón y la irracionalidad. Y las investigaciones científicas lo demuestran fehacientemente.
espejismo, espejismo ¿por qué no es posible el amor libre?
“Que manía progre y políticamente correcta de que el 68 fue una liberación. Ahora hay muchas más parejas rotas, muchas más depresiones y fracasos matrimoniales, mucha más prostitución... Y nos seguimos negando a ver que el desorden de las pasiones humanas no libera sino que esclaviza y rebaja a la persona. Los romanos y otros pueblos ya conocían las orgías y todos los desmadres sexuales, y cuando parece que todo eso ya era cosa de la historia, vienen los "modernos" con lo mismo.”
Eso dice un comentarista del artículo Un espejismo sexual que publica Maricel Chavarría en La Vanguardia. En el cuerpo del artículo, el actor Jordi Dauder opina que "La revolución sexual estaba integrada en la transformación que se venía gestando. Fue una revolución sin armas y sin toma de poder, una transformación de las relaciones entre seres humanos. Y triunfó, sí. Aquella sociedad no daba más de sí".
Dos visiones bien distintas pero ¿alguna de ellas está más próxima a la realidad? La del comentarista está en la línea de lo que algunos podrían considerar conservadora o, incluso, retrógada (eso de que “las pasiones humanas no libera sino que esclaviza y rebaja a la persona”, por ejemplo). Pero la ciencia se pone de parte de la "folk wishdom". Lo que no podía ser no pudo ser. Esa revolución sexual (como todas las ideas del momento)partía de una idea de tabula rasa absolutamente alejada de la naturaleza humana. Ahora, como experimento fue francamente útil, aunque muuchos se quedaran sin plumas. El que hubiera ocurrido y haya tanta gente aquí para contarlo, y, además, llevada a cabo de manera (también se puede discutir) voluntaria aporta una información que no tiene precio. Y la conclusión es que el título del artículo da en la diana: fue un espejismo.
Eso dice un comentarista del artículo Un espejismo sexual que publica Maricel Chavarría en La Vanguardia. En el cuerpo del artículo, el actor Jordi Dauder opina que "La revolución sexual estaba integrada en la transformación que se venía gestando. Fue una revolución sin armas y sin toma de poder, una transformación de las relaciones entre seres humanos. Y triunfó, sí. Aquella sociedad no daba más de sí".
Dos visiones bien distintas pero ¿alguna de ellas está más próxima a la realidad? La del comentarista está en la línea de lo que algunos podrían considerar conservadora o, incluso, retrógada (eso de que “las pasiones humanas no libera sino que esclaviza y rebaja a la persona”, por ejemplo). Pero la ciencia se pone de parte de la "folk wishdom". Lo que no podía ser no pudo ser. Esa revolución sexual (como todas las ideas del momento)partía de una idea de tabula rasa absolutamente alejada de la naturaleza humana. Ahora, como experimento fue francamente útil, aunque muuchos se quedaran sin plumas. El que hubiera ocurrido y haya tanta gente aquí para contarlo, y, además, llevada a cabo de manera (también se puede discutir) voluntaria aporta una información que no tiene precio. Y la conclusión es que el título del artículo da en la diana: fue un espejismo.
son nuestros
viernes, 25 de abril de 2008
La revista Foreign Policy publica la listacon los 100 intelectuales más importantes del mundo. Sólo hay dos con nombre hispano y residentes en nuestro país: Fernando Savater y Mario Vargas Llosa. Ambos han dado apoyo público a UPyD .
el supremo valor de dominar la venganza
jueves, 24 de abril de 2008
No sólo aprecio a Jared Diamond como el magnífico y original investigador que es. También el relato de sus experiencias como antropólogo me lleva a menudo a reflexiones sobre cuestiones que me incumben directamente o que le tocan a mi sociedad muy de cerca. Este artículo que ha publicado en el New Yorker tiene resonancias inconfundibles para los que somos conscientes de la terrible excepción que significa el País Vasco aún en nuestros días.
En el caso de este artículo, a Jared Diamond, un amigo suyo, indígena de Nueva Guinea, le confiesa que, después de todo, los métodos “occidentales” para resolver disputas le han acabado resultando más convincentes que los suyos de toda la vida. Daniel, que así se llama el nuevaguineano, se refiere a esa gran invención del estado y a la justicia imparcial que es capaz de impartir. El filósofo Jean-Jacques Rousseau aseguró en su tiempo, sin ninguna prueba empírica, que el estado surgió por un voluntario contrato social: la gente previó sus ventajas y libremente acordó subordinar sus propios derechos individuales a una instancia superior. Rousseau no tenía razón y la investigación histórica y antropológica sugiere que nunca se ha organizado una sociedad en estado sin alguna presión externa, pues lo natural es que la gente se resista a ceder el poder por una conjetura racional. A Daniel, los métodos de justicia consuetudinarios de su tribu hicieron que le tocase asesinar por motivos de venganza (el odioso crimen de un querido tío suyo) a un individuo de otro clan. Eso le costó, como ya tenía previsto, años de incomodidad y de miedo continuo al contraataque de los indignados contrarios.
Jared Diamond le pregunta por qué simplemente, puesto que ya existía en su tiempo esa posibilidad, no le denunció a la policía y, traspasando esa responsabilidad, ahorrarse todo el sufrimiento que le acarreó su acción durante 20 años. Daniel reflexiona y responde con la mayor franqueza y naturalidad: si hubiera dejado que la policía lo hiciera no habría experimentado la satisfacción de obtener la venganza por sí mismo, incluso a costa de su propia vida. Y dice “¿Cómo podría yo sobrevivir a mi cólera el resto de la vida?”. Daniel está convencido de que el mejor modo de tratar con esa cólera es practicando personalmente la venganza.
Esta seguridad turba profundamente a Jared Diamond pues le trae a la memoria la horrible aventura vivida por su padrastro, un judío polaco que, al final de la guerra, siendo aún militar, teniendo la oportunidad de vengarse del asesino de tres mujeres de su familia (su madre y una hermana entre ellas) ocultas en una pequeña localidad decidió entregar al malhechor a la policía. El asesino, tras un juicio y sólo un año de cárcel, salió en libertad y se supone que vivió plácidamente hasta la vejez. Esta pobre compensación atormentó durante toda la vida al padrastro de Diamond, abrumado por la culpa y el pesar por no haber sido capaz de tomar venganza.
Cuán grande es el precio personal que los ciudadanos respetuosos con la ley y la justicia pagan por trasladar la venganza al estado, dice Diamond. No solemos reparar en el hecho de que la sed de venganza está entre las más fuertes emociones humanas. Al mismo nivel sin duda que el amor, la cólera, la pena y el miedo, temas que no nos avergonzamos de tratar y debatir. España, el País Vasco, son sociedades estatales modernas que nos permiten y animan a expresar nuestros sentimientos, incluidos los del amor a la patria, pero no la sed de venganza. Crecemos aprendiendo que tales emociones son primitivas, vergonzosas y necesitadas de superación. Y es cierto: la venganza personal o de grupo haría imposible coexistir pacíficamente como ciudadanos del mismo estado. Como dice Diamond, viviríamos en las condiciones de guerra constante que prevalecen en sociedades no gubernamentales como las de las tierras altas de Nueva Guinea. Pero eso no le impide a Diamond admirarse por la hazaña que significa derivar la justicia al estado. Ni admitir que, para un pariente cercano o para un amigo de alguien que ha sido asesinado o seriamente afectado por unos criminales, los sentimientos de venganza son naturales y poderosos. Y dice algo más rotundo. Que aunque actuar movido por la venganza no es permisible, reconocer la profundidad de este sentimiento no sólo tiene que ser aceptable sino francamente reconocido y valorado.
Yo aún no he visto la película de Gutiérrez Aragón, pero sé que va en la línea del reconocimiento de una realidad que se ha vivido de forma vergonzosa en el País Vasco, y más por las víctimas que por los agresores. Víctimas que jamás se vengaron como su naturaleza más honda les dictaba y que, tal vez, eso aún les atenaza el corazón. La herida es profunda, muy profunda. Yo siemre me he preguntado por qué existiendo un “Guernika” que va itinerante de ciudad en ciudad recordando el horror del fanatismo, nadie ha pintado algo de esencia similar que se llamase “Hipercor”. Por ejemplo.
En el caso de este artículo, a Jared Diamond, un amigo suyo, indígena de Nueva Guinea, le confiesa que, después de todo, los métodos “occidentales” para resolver disputas le han acabado resultando más convincentes que los suyos de toda la vida. Daniel, que así se llama el nuevaguineano, se refiere a esa gran invención del estado y a la justicia imparcial que es capaz de impartir. El filósofo Jean-Jacques Rousseau aseguró en su tiempo, sin ninguna prueba empírica, que el estado surgió por un voluntario contrato social: la gente previó sus ventajas y libremente acordó subordinar sus propios derechos individuales a una instancia superior. Rousseau no tenía razón y la investigación histórica y antropológica sugiere que nunca se ha organizado una sociedad en estado sin alguna presión externa, pues lo natural es que la gente se resista a ceder el poder por una conjetura racional. A Daniel, los métodos de justicia consuetudinarios de su tribu hicieron que le tocase asesinar por motivos de venganza (el odioso crimen de un querido tío suyo) a un individuo de otro clan. Eso le costó, como ya tenía previsto, años de incomodidad y de miedo continuo al contraataque de los indignados contrarios.
Jared Diamond le pregunta por qué simplemente, puesto que ya existía en su tiempo esa posibilidad, no le denunció a la policía y, traspasando esa responsabilidad, ahorrarse todo el sufrimiento que le acarreó su acción durante 20 años. Daniel reflexiona y responde con la mayor franqueza y naturalidad: si hubiera dejado que la policía lo hiciera no habría experimentado la satisfacción de obtener la venganza por sí mismo, incluso a costa de su propia vida. Y dice “¿Cómo podría yo sobrevivir a mi cólera el resto de la vida?”. Daniel está convencido de que el mejor modo de tratar con esa cólera es practicando personalmente la venganza.
Esta seguridad turba profundamente a Jared Diamond pues le trae a la memoria la horrible aventura vivida por su padrastro, un judío polaco que, al final de la guerra, siendo aún militar, teniendo la oportunidad de vengarse del asesino de tres mujeres de su familia (su madre y una hermana entre ellas) ocultas en una pequeña localidad decidió entregar al malhechor a la policía. El asesino, tras un juicio y sólo un año de cárcel, salió en libertad y se supone que vivió plácidamente hasta la vejez. Esta pobre compensación atormentó durante toda la vida al padrastro de Diamond, abrumado por la culpa y el pesar por no haber sido capaz de tomar venganza.
Cuán grande es el precio personal que los ciudadanos respetuosos con la ley y la justicia pagan por trasladar la venganza al estado, dice Diamond. No solemos reparar en el hecho de que la sed de venganza está entre las más fuertes emociones humanas. Al mismo nivel sin duda que el amor, la cólera, la pena y el miedo, temas que no nos avergonzamos de tratar y debatir. España, el País Vasco, son sociedades estatales modernas que nos permiten y animan a expresar nuestros sentimientos, incluidos los del amor a la patria, pero no la sed de venganza. Crecemos aprendiendo que tales emociones son primitivas, vergonzosas y necesitadas de superación. Y es cierto: la venganza personal o de grupo haría imposible coexistir pacíficamente como ciudadanos del mismo estado. Como dice Diamond, viviríamos en las condiciones de guerra constante que prevalecen en sociedades no gubernamentales como las de las tierras altas de Nueva Guinea. Pero eso no le impide a Diamond admirarse por la hazaña que significa derivar la justicia al estado. Ni admitir que, para un pariente cercano o para un amigo de alguien que ha sido asesinado o seriamente afectado por unos criminales, los sentimientos de venganza son naturales y poderosos. Y dice algo más rotundo. Que aunque actuar movido por la venganza no es permisible, reconocer la profundidad de este sentimiento no sólo tiene que ser aceptable sino francamente reconocido y valorado.
Yo aún no he visto la película de Gutiérrez Aragón, pero sé que va en la línea del reconocimiento de una realidad que se ha vivido de forma vergonzosa en el País Vasco, y más por las víctimas que por los agresores. Víctimas que jamás se vengaron como su naturaleza más honda les dictaba y que, tal vez, eso aún les atenaza el corazón. La herida es profunda, muy profunda. Yo siemre me he preguntado por qué existiendo un “Guernika” que va itinerante de ciudad en ciudad recordando el horror del fanatismo, nadie ha pintado algo de esencia similar que se llamase “Hipercor”. Por ejemplo.
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