Siempre que afloran los prejuicios éticos o nacionales,
en tiempos de escasez, cuando se desafía la autoestima o vigor nacional,
cuando sufrimos por nuestro insignificante papel y significado cósmico
o cuando hierve el fanatismo a nuestro alrededor, los hábitos de pensamiento
familiares de épocas antiguas toman el control. La llama de la vela parpadea.
Tiembla su pequeña luz. Aumenta la oscuridad.
Los demonios empiezan a agitarse (Carl Sagan).

la integración de los marroquíes

sábado, 19 de abril de 2008

Este inteligente artículo señala los problemas de fondo, los más graves, los causantes de la dificultad para integrar al colectivo marroquí. Marruecos no es realmente partidaria de que se apliquen medidas eficaces para que sus emigrantes se integren totalmente en sus países de acogida. Ali Lmrabet, periodista marroquí, afirma:

" Rabat no tiene la más mínima intención de aligerar su censo poblacional ni de permitir que se rompa el lazo administrativo que une al inmigrante marroquí (aunque termine naturalizándose) con su país de origen. El Estado alauí no lo hace por altruismo ni por amor al prójimo, lo hace porque la suma de las remesas, un autentico maná financiero, que envían anualmente estos inmigrantes (que sin embargo no tienen representación parlamentaria en Rabat) es superior a los ingresos que genera la exportación de fosfatos, la primera industria exportadora del país. Por eso creó el Consejo Superior de los Marroquíes Residentes en el Extranjero, que es un poderoso instrumento para perpetuar esta dependencia, y que va, inevitablemente, a abocar al fracaso todas las políticas de integración que existen en los países donde reside una importante comunidad marroquí. Este Consejo, que desató una gran polémica en el momento de su creación, fue acusado recientemente por el prestigioso semanario marroquí Le Journal Hebdomadaire de albergar en su seno «agentes secretos» y chivatos de los consulados marroquíes. La reciente declaración de un responsable alauí de la emigración calificando la masa humana marroquí en el extranjero como la «17º wilaya» (región administrativa, Marruecos tiene 16 wilayas) fue tildada por el mismo semanario de provocación al hacer aparecer a los marroquíes como una suerte de quinta columna dentro de Europa."

Lo que no veo razonables son sus propuestas de que el Estado español fomente "un Islam español" formando sus propios imanes. Eso para él "podría ser una útil brújula cívica que permite al inmigrante orientarse en su país de adopción". No me parece que un estado laico deba invertir recursos en financiar ninguna religión. Más bien debería fomentar una educación inquívoca en valores seculares compartibles por personas de cualquier cultura religiosa.

4 comentarios:

Juan Poz dijo...

Espero que en la casa "endreçada" no sea indeseable mi presencia.
La emigración marroquí funciona como la española en Europa en los 60. Todos desean volver y, en todo caso, no romper los lazos de pertenencia, nacionalidad y sentimentalidad. Es un proceso de años el que las nuevas generaciones vayan sintiéndose más de aquí que de allá, como les pasó a tantos exiliados en Hispanoamerica tras la Guerra Civil.
De momento,en sólo un curso de contacto con esta realidad de la inmigración (95% en el IES), ya he observado cómo algunas alumnas se han "desvelado", y lo curioso es que el proceso no debe de haber sido fácil, a juzgar por las miradas pudorosas con que se relacionan con quienes convivimos con ellas. Pero ahí está el futuro, sin duda.
En cuanto al fomento de esta o aquella religión, ¿por qué ha de asustarnos que tal cosa sea, mientras mantenemos a la religión católica casi -y sin casi- como religión estatal?

Brian dijo...

Bueno, pues esa "educación inequívoca en valores seculares compartibles" vendría a ser la tan denostada Educación para la ciudadanía. Eso sí, mientras llega el tan anhelado estado laico, tanto derecho tienen los musulmanes como los católicos a gozar de la generosidad del estado para con las organizaciones religiosas y el adoctrinamiento subvencionado en horario escolar.

Topo Universitario dijo...

El Estado paternalista en el que vivimos se considera responsable de facilitar satisfacción de todas aquellas dimensiones que puedan favorecer la felicidad humana. Por ello, por ejemplo, financia auditorios, orquestas nacionales, conservatorios, radios, conciertos, etc, para acercar la música a todos. Se sacan los bienes musicales del mercado (distribución entre agentes privados? y pasan a ser gestionados como bienes públicos.

La dimensión religiosa es básica en los seres humanos. Al menos, tiene tanto peso como la música. ¿Por qué el Estado ha de darle un trato diferente a la religión, con respecto a la música? En un contexto en el Estado está metido en tantos aspectos de la vida privada, no veo por qué ha de solicitarse su retirada especialmente del campo religioso.

Si aceptamos que el Estado pague al coro de RTVE, el Estado también ha de pagar las apetencias religiosas de los ciudadanos. Si creemos que el Estado no pinta nada dándole dinero a confesión religiosa alguna, creo que también habríamos de pedir la clausura de RTVE.

taller abat dijo...

genial sra pez