Siempre que afloran los prejuicios éticos o nacionales,
en tiempos de escasez, cuando se desafía la autoestima o vigor nacional,
cuando sufrimos por nuestro insignificante papel y significado cósmico
o cuando hierve el fanatismo a nuestro alrededor, los hábitos de pensamiento
familiares de épocas antiguas toman el control. La llama de la vela parpadea.
Tiembla su pequeña luz. Aumenta la oscuridad.
Los demonios empiezan a agitarse (Carl Sagan).

a la que te descuidas...

jueves, 26 de febrero de 2009

En este blog he hablado más de una vez de la falta de rigor científico que se adivina en las campañas mediáticas sobre “el cambio climático” que más parece a una cruzada moral
que otra cosa. No soy de las que se preocupan por lo que Juan José Sebreli llama “la falacia del contagio”, es decir, este pánico a coincidir en algo con personas con las que no coincides en todo o con las que no coincides en nada. Así que comparto con gentes tanto de la derecha como de la izquierda esa postura escéptica y cautelosa. Pero aquí todo el mundo arrima el ascua a su sardina y aprovecha que el Pisuerga pasa por Valladolid para introducir lo suyo de matute. Hace unos días seleccioné una noticia para colgar en la web de Ciutadans de Catalunya y gracias al ojo atento del coordinador pude advertir que se está utilizando el pretexto de la falta de pruebas concluyentes y la exageración algorera para avanzar la agenda creacionista. O si no cómo se explica este párrafo:” “Los científicos partidarios del calentamiento global y de la teoría de la evolución afirman que ellos se basan en pruebas y en datos irrefutables.” Y estaba camuflado ahí. Por cierto ¿quién firma la noticia? ¿Hay alguien ahí?

2 comentarios:

Eduardo dijo...

Y con esto pretenden dar la batalla contra "el imperio progre"...

Juan Poz dijo...

¡Científicos partidarios del cambio climático! ¡Hola, ésta sí que es nueva! Deben de ser los que no firmaron el acuerdo de Kyoto y andan por ahí contaminando como cementeras, derritiendo los polos u organizando sequías e inundaciones a porrillo... ¡Habráse visto...! Ya no hay formalidad, diga usted que no. Pues no.