Siempre que afloran los prejuicios éticos o nacionales,
en tiempos de escasez, cuando se desafía la autoestima o vigor nacional,
cuando sufrimos por nuestro insignificante papel y significado cósmico
o cuando hierve el fanatismo a nuestro alrededor, los hábitos de pensamiento
familiares de épocas antiguas toman el control. La llama de la vela parpadea.
Tiembla su pequeña luz. Aumenta la oscuridad.
Los demonios empiezan a agitarse (Carl Sagan).

un regalo del cielo

lunes, 10 de septiembre de 2007

Hay gente que opina que, sin la coacción de la amenaza omnisciente de un vigilante ser superior, no puede existir la moral . Que, si no, todo se limita al temor del castigo en la Tierra, al miedo a “ser pillado” y a la pena que de esto resulte. La naturaleza del hombre tiende al mal de forma espontánea, así que, en momentos de desorden social, o en situaciones propiciadas por la clandestinidad, nadie sería bueno con sus semejantes. Una de las defensoras de esta postura es la Dra.Laura Schlessinger . Esta mujer es una de las conferenciantes religiosas más populares de EE.UU, estrella de distintas tribunas que van de la televisión a la radio, o como speaker de relumbrón por todo el país. Curiosamente, Laura Schlessinger fue miembro de la junta de la revista Skeptic , una de las publicaciones descreídas más reconocidas del mundo anglosajón. Y lo fue porque se hizo un nombre con su inteligente y documentada denuncia del supuesto síndrome de la “memoria recobrada”, fenómeno ahora ya de baja pero que llevó a muchos padres, familiares o tutores a enfrentarse con penas hasta de cárcel por acusaciones de personas que, con la ayuda de determinados terapeutas, fueron convencidas de que habían sufrido abusos sexuales en la infancia. Durante años, Schlessinger dio conferencias sobre pensamiento crítico, librepensamiento y tantos otros temas apreciados por humanistas y escépticos hasta que se convirtió al judaísmo, religión de su padre, abandonando sus actividades en organizaciones humanistas seculares o racionalistas. He pensado en esa cuestión del “getting caught”, del “ser pillado” estos días por algo que cayó del cielo. En Tarragona, por desgracia, no nos llueven hombres pero, hace unos días, me llovió un anillo de oro con piedras preciosas sobre la jardinera del dormitorio. Ninguna pieza extraordinaria, pero tampoco una baratija. También por desgracia, no se trataba de algo misterioso. No formaría parte de la recopilación de chorradas de Charles Fort . La vecina de arriba tiene una asistenta con la mala costumbre de sacudir la alfombrilla del baño por la ventana del dormitorio. Algunas veces han sido pelos de maquinilla de afeitar lo que me he encontrado encima de los bambúes y del alféizar, pero esta vez era una sortija. “¿Getting caught?”. Ni hablar. Una limpia incorporación a mi pequeño joyero. ¿Quién iba a enterarse? Según Laura Schlessinger, necesitamos algo más que el miedo a que nos pillen para llevar una vida moral, y para ello está Dios: una amenaza metafísica, absoluta; el “getting caught” implacable del ojo que todo lo que ve. Según esa idea yo, atea, debería simplemente alegrarme, sacarle brillo y procurar no lucirlo en ninguna reunión de la comunidad de vecinos. Aún no la he devuelto porque sé que mi vecina veranea en Salou y no vuelve hasta que finaliza la temporada. Pero desde el primer momento supe que nunca haría otra cosa que subir esos 20 escalones y devolverlo. Todo lo más reconvenirla y recordarle los potenciales inconvenientes de esa fea costumbre de sacudir las cosas en la calle. El ojo de Dios soy yo.

5 comentarios:

Yamato dijo...

Un momento, Mujer-pez. Ese anillo, ¿lleva una inscripción tal que así, IOIOI? Porque en ese caso creo que no es de tu vecina ;-)

Sergio dijo...

Yo se lo devolvería a la asistenta.

Catón dijo...

¿Y no será -vaya a saber- que el Altísimo haya enviado el anillo para probarla? Medite, amiga, medite...

Frederic Recasens dijo...

Buenas tardes. algunos dicen que Dios está en uno mismo así que, la bondad que a la luz de esta teoría, desprende Dios, la desprendemos en realidad cada uno de nosotros. La cuestión importante es que su vecina estará contenta y muy agradecida . Saludos

Frederic Recasens.

Anónimo dijo...

¿Y los pelos? ¿Ya los ha devuelto?