Vamos, analicemos esto :
"YO SOY ASÍ PORQUE SOY ASÍ"
Un violador dice que es un "peligro público número 1 en la calle" y que su lugar está en la cárcel
No puede dominarse. Admite que su "patología delictiva es sexual". Es reincidente y la última vez que agredió a sexualmente a una menor “podría haber sido peor” y que “menos mal que Dios le dio lucidez” y se fue y no la mató. Dice que pide perdón por estas cosas, aunque sabe que “estas cosas no tienen perdón". Condenado a la pena de 46 años de cárcel por haber violado y asesinado a una niña, aseguró que, después de 16 años en prisión, "no quería salir de la cárcel".
Volvamos a la reseña del día 26. ¿Cómo se aplica al caso anterior? Tenemos a una persona que es juguete de su naturaleza. Pero es que además lo sabe. Según Stephen Cave “sólo castigamos a los que hicieron mal voluntariamente”, si no hay “libre albedrío, entonces nunca nadie tuvo elección para actuar como lo hizo”. ¿Y esa lucidez que, según el violador, Dios le dio? Parece que se puede ser víctima de fuerzas que incontroladas pero, a la vez, mantener la capacidad de discernir sobre el Bien y el Mal. Incluso de disfrutar de cierta capacidad de elección: “podría haber sido peor”, dijo.
Por otro lado, nuestra legislación dice que el objetivo del ordenamiento penal es la reinserción del reo antes que la prevención del delito, ¿tiene esto sentido a la luz de la ciencia y de lo que manifiestan insistentemente algunos delincuentes psicópatas? Hasta que no se pueda actuar médicamente, ¿cómo puede salir de la risión un asesino tan peligroso con una reducción de pena de 30 años?
Siempre que afloran los prejuicios éticos o nacionales,
en tiempos de escasez, cuando se desafía la autoestima o vigor nacional,
cuando sufrimos por nuestro insignificante papel y significado cósmico
o cuando hierve el fanatismo a nuestro alrededor, los hábitos de pensamiento
familiares de épocas antiguas toman el control. La llama de la vela parpadea.
Tiembla su pequeña luz. Aumenta la oscuridad.
Los demonios empiezan a agitarse (Carl Sagan).
en tiempos de escasez, cuando se desafía la autoestima o vigor nacional,
cuando sufrimos por nuestro insignificante papel y significado cósmico
o cuando hierve el fanatismo a nuestro alrededor, los hábitos de pensamiento
familiares de épocas antiguas toman el control. La llama de la vela parpadea.
Tiembla su pequeña luz. Aumenta la oscuridad.
Los demonios empiezan a agitarse (Carl Sagan).
Siguiendo con el pecking order
martes, 27 de marzo de 2007
Siguiendo con el pecking order
Desde hace unos pocos años, me toca hablar a veces en público. Ya lo llevo mejor, pero ha sido bastante violento. Hace unos días le pedí a una amiga que participase y tomara la palabra en un acto que yo organizaba. Abogada, alto cargo de la administración, mujer culta y de excelente presencia, se negó en redondo. No conseguí convencerla. Me habló de cierto ataque de pánico que tuvo una vez. Le expresé mi simpatía: sé cómo son, también pasé por el mío. Pero ni mostrando mi carcomido pecho quiso saber nada de una modesta exhibición de dos minutos.
A mi no me cabe duda de que esto está relacionado con el asunto del “pecking order” del que hablé el viernes pasado. Que alguien que no ha dado nunca este paso esté dispuesto a llamar la atención es un amago de alteración del orden jerárquico, y tuvo que estar, en nuestras igualitarias pero sutilmente organizadas sociedades de cazadores-recolectores de nuestro mundo ancestral, fuertemente penalizado. Aún, de alguna manera, lo está. Muchas de las manifestaciones físicas que se experimentan se corresponden, dramáticamente, con una situación de terror y de alarma. Se han hecho experimentos con monos en los que se les da a oír unas cintas en las que están grabados sonidos de otros monos, que ellos reconocen, pero manipulados de forma que no se corresponden con su lugar en el grupo y que desafían su orden. Las escenas de pánico, alboroto y caos son extraordinarias. Quien se arriesga está a la merced de la indignación del resto, y sabe que puede perder, metafóricamente, las plumas, y descender, aún más, en la escala jerárquica. Ninguna broma.
Desde hace unos pocos años, me toca hablar a veces en público. Ya lo llevo mejor, pero ha sido bastante violento. Hace unos días le pedí a una amiga que participase y tomara la palabra en un acto que yo organizaba. Abogada, alto cargo de la administración, mujer culta y de excelente presencia, se negó en redondo. No conseguí convencerla. Me habló de cierto ataque de pánico que tuvo una vez. Le expresé mi simpatía: sé cómo son, también pasé por el mío. Pero ni mostrando mi carcomido pecho quiso saber nada de una modesta exhibición de dos minutos.
A mi no me cabe duda de que esto está relacionado con el asunto del “pecking order” del que hablé el viernes pasado. Que alguien que no ha dado nunca este paso esté dispuesto a llamar la atención es un amago de alteración del orden jerárquico, y tuvo que estar, en nuestras igualitarias pero sutilmente organizadas sociedades de cazadores-recolectores de nuestro mundo ancestral, fuertemente penalizado. Aún, de alguna manera, lo está. Muchas de las manifestaciones físicas que se experimentan se corresponden, dramáticamente, con una situación de terror y de alarma. Se han hecho experimentos con monos en los que se les da a oír unas cintas en las que están grabados sonidos de otros monos, que ellos reconocen, pero manipulados de forma que no se corresponden con su lugar en el grupo y que desafían su orden. Las escenas de pánico, alboroto y caos son extraordinarias. Quien se arriesga está a la merced de la indignación del resto, y sabe que puede perder, metafóricamente, las plumas, y descender, aún más, en la escala jerárquica. Ninguna broma.
albedríos libres
domingo, 25 de marzo de 2007
Arcadi Espada en su blog de hoy ha colgado la siguiente reseña y ha sugerido que cuando hayamos determinado científicamente que la violencia política (y cualquier otra) está causada por algún imperativo genético van a quedar desnudos de cualquier contenido heroico los pretextos de un criminal.
Bien: quizá. Todas esas investigaciones sobre el funcionamiento del cerebro son inquietantes. Parece que cuando decidimos hacer algo, “nuestro cerebro” hace ya un ratito que se nos ha adelantado. Vista así la cosa, más parecemos muñecos de ventriloquia que seres dotados de libre albedrío. Es una reseña que da para sacarle jugo unos días. Arcadi piensa que todo esto pone en entredicho ese libre albedrío. Que esto alterará, entre otras cosas, el tratamiento que les demos a los delincuentes. No me cabe duda. Es posible que un día todos aquellos que sean adecuadamente diagnosticados puedan ser tratados y no vuelvan a delinquir. Ya se hace ahora con algunos reos por delitos sexuales, que aceptan de buen grado alguna versión de eso que se llama demasiado dramáticamente “castración química”.
Pero de ninguna manera dejará de ser el libre albedrío una asunción básica en una sociedad que debe exigirle responsabilidades a quienes contravengan el orden establecido. Según refiere esta reseña, John Searle se muestra sorprendido de que, si no existe tal libre albedrío (él parece que contempla eso), ¿por qué tenemos esa peculiar conciencia de tomar decisiones? A mí me parece que porque la existencia en sociedad lo hace indispensable. No se puede sobrevivir, como humano, sin ello. Parece una tautología, pero no lo es. Si el libre albedrío parece, tras estas investigaciones, una fantasía útil, lo es en el mismo sentido que resulta una fantasía útil comportarse como si los objetos que nos rodean (el suelo, ese camión que se acerca, etc.) fueran sólidos, a pesar de lo que diga al respecto la física cuántica. Igual que en física hay un mundo macro y otro micro, con leyes distintas (hasta que las supercuerdas, o lo que sea, las aten), el funcionamiento micro del cerebro no es una buena guía para sus interacciones macro.
Y el que el cerebro “sepa” antes que el yo consciente qué vamos a hacer no creo que destruya esa base sólida del libre albedrío. Al fin y al cabo, ese cerebro también somos nosotros. En él está todo: las experiencias autobiográficas, las filogenéticos, las percepciones que pasaron desapercibidas cierta vez a la mente conciente, quizá ocupada en algo inmediato… Lo que sabe este cerebro no es en absoluto arbitrario o producto del azar. Lleva consigo conocimientos ancestrales y se le ha surtido de información desde la infancia. Puede rendir cuentas.
*
Bernard Landry . La ignorancia o la malicia del independentista. Dice que “El problema del País Vasco es la violencia. En nuestro contexto es muy difícil entender que sigan pasando cosas tan horrendas, pero tampoco ha habido un Franco en Ottawa”. Claro, como que Eta se distinguió por actuar en época de Franco. ¡Que murió en la cama, Mr Landry!
Qué más le da: se justifican entre ellos.
Bien: quizá. Todas esas investigaciones sobre el funcionamiento del cerebro son inquietantes. Parece que cuando decidimos hacer algo, “nuestro cerebro” hace ya un ratito que se nos ha adelantado. Vista así la cosa, más parecemos muñecos de ventriloquia que seres dotados de libre albedrío. Es una reseña que da para sacarle jugo unos días. Arcadi piensa que todo esto pone en entredicho ese libre albedrío. Que esto alterará, entre otras cosas, el tratamiento que les demos a los delincuentes. No me cabe duda. Es posible que un día todos aquellos que sean adecuadamente diagnosticados puedan ser tratados y no vuelvan a delinquir. Ya se hace ahora con algunos reos por delitos sexuales, que aceptan de buen grado alguna versión de eso que se llama demasiado dramáticamente “castración química”.
Pero de ninguna manera dejará de ser el libre albedrío una asunción básica en una sociedad que debe exigirle responsabilidades a quienes contravengan el orden establecido. Según refiere esta reseña, John Searle se muestra sorprendido de que, si no existe tal libre albedrío (él parece que contempla eso), ¿por qué tenemos esa peculiar conciencia de tomar decisiones? A mí me parece que porque la existencia en sociedad lo hace indispensable. No se puede sobrevivir, como humano, sin ello. Parece una tautología, pero no lo es. Si el libre albedrío parece, tras estas investigaciones, una fantasía útil, lo es en el mismo sentido que resulta una fantasía útil comportarse como si los objetos que nos rodean (el suelo, ese camión que se acerca, etc.) fueran sólidos, a pesar de lo que diga al respecto la física cuántica. Igual que en física hay un mundo macro y otro micro, con leyes distintas (hasta que las supercuerdas, o lo que sea, las aten), el funcionamiento micro del cerebro no es una buena guía para sus interacciones macro.
Y el que el cerebro “sepa” antes que el yo consciente qué vamos a hacer no creo que destruya esa base sólida del libre albedrío. Al fin y al cabo, ese cerebro también somos nosotros. En él está todo: las experiencias autobiográficas, las filogenéticos, las percepciones que pasaron desapercibidas cierta vez a la mente conciente, quizá ocupada en algo inmediato… Lo que sabe este cerebro no es en absoluto arbitrario o producto del azar. Lleva consigo conocimientos ancestrales y se le ha surtido de información desde la infancia. Puede rendir cuentas.
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Bernard Landry . La ignorancia o la malicia del independentista. Dice que “El problema del País Vasco es la violencia. En nuestro contexto es muy difícil entender que sigan pasando cosas tan horrendas, pero tampoco ha habido un Franco en Ottawa”. Claro, como que Eta se distinguió por actuar en época de Franco. ¡Que murió en la cama, Mr Landry!
Qué más le da: se justifican entre ellos.
the pecking order
viernes, 23 de marzo de 2007
Judith Rich Harris ha escrito otro libro indispensable después del revuelo que causó la aparición del anterior, “El mito de la educación”. En este que estoy leyendo, “No two alike” (“No hay dos iguales”), trata de averiguar qué es lo que hace a las personas tan distintas, con personalidades tan diferenciadas aunque se trate de gemelos idénticos criados en condiciones casi idénticas.
Me llamaron la atención ayer unos pasajes en los que reflexiona sobre la información que almacenamos respecto a las personas con las que tenemos o podemos llegar a tener alguna interacción y su relación con una estructura de carácter jerárquico donde inconscientemente nos vamos ubicando y ubicamos a los demás. Este es, para Harris, uno de los más importantes motivos para tener tan desarrollados los distintos módulos vinculados al tratamiento de la información sobre la gente. Ella, no sin humor, lo pone al servicio del llamado “pecking order” (orden del picoteo). Este es un término acuñado por investigadores que han trabajo en relaciones jerárquicas entre aves y que se ha hecho extensivo al resto de los animales sociales. El “orden del picoteo” dice que el de arriba podrá picotear al resto y que el de abajo será picoteado por el resto. Entre ambos extremos se establece una cadena que tiene significado evolutivo y que, si está ahí, es porque, aunque feo, es muy útil: una vez establecido el reparto ya no hay necesidad de luchar, el de abajo reconoce al de arriba y “reina la paz”. El grupo social lleva a cabo su funcionamiento sin fricciones, tal como lo haría un superorganismo. Según Harris, las jerarquías de dominancia son beneficiosas no sólo para los ganadores (los que a partir de ese momento son vapuleados con menos frecuencia y menos severamente). Tanto los ganadores como los perdedores disfrutan de la ventaja de ser parte de un grupo. Como dice agudamente, un ave aislada se convierte en un pato de feria para los depredadores.
En los grupos humanos, eso es más complicado. Y no digamos hoy en día. Básicamente porque una misma persona puede ser miembro de varios grupos a la vez; vive, afortunadamente, dentro de un sistema de derechos y libertades que suele protegerla y, a lo mejor, no le va la vida en pertenecer un grupo determinado donde otros gallos controlan el corral confiando sólo en el amedrentamiento del prójimo. Hoy en día, un ave puede permitirse ser algo más respondona y la estructura jerárquica ser menos estable. En resumidas cuentas: un líder ha de tener fuerza moral para serlo; merecerlo, digamos. Es la mejor manera de no tener que andar, como también diría un americano, vigilando su culo.
Me llamaron la atención ayer unos pasajes en los que reflexiona sobre la información que almacenamos respecto a las personas con las que tenemos o podemos llegar a tener alguna interacción y su relación con una estructura de carácter jerárquico donde inconscientemente nos vamos ubicando y ubicamos a los demás. Este es, para Harris, uno de los más importantes motivos para tener tan desarrollados los distintos módulos vinculados al tratamiento de la información sobre la gente. Ella, no sin humor, lo pone al servicio del llamado “pecking order” (orden del picoteo). Este es un término acuñado por investigadores que han trabajo en relaciones jerárquicas entre aves y que se ha hecho extensivo al resto de los animales sociales. El “orden del picoteo” dice que el de arriba podrá picotear al resto y que el de abajo será picoteado por el resto. Entre ambos extremos se establece una cadena que tiene significado evolutivo y que, si está ahí, es porque, aunque feo, es muy útil: una vez establecido el reparto ya no hay necesidad de luchar, el de abajo reconoce al de arriba y “reina la paz”. El grupo social lleva a cabo su funcionamiento sin fricciones, tal como lo haría un superorganismo. Según Harris, las jerarquías de dominancia son beneficiosas no sólo para los ganadores (los que a partir de ese momento son vapuleados con menos frecuencia y menos severamente). Tanto los ganadores como los perdedores disfrutan de la ventaja de ser parte de un grupo. Como dice agudamente, un ave aislada se convierte en un pato de feria para los depredadores.
En los grupos humanos, eso es más complicado. Y no digamos hoy en día. Básicamente porque una misma persona puede ser miembro de varios grupos a la vez; vive, afortunadamente, dentro de un sistema de derechos y libertades que suele protegerla y, a lo mejor, no le va la vida en pertenecer un grupo determinado donde otros gallos controlan el corral confiando sólo en el amedrentamiento del prójimo. Hoy en día, un ave puede permitirse ser algo más respondona y la estructura jerárquica ser menos estable. En resumidas cuentas: un líder ha de tener fuerza moral para serlo; merecerlo, digamos. Es la mejor manera de no tener que andar, como también diría un americano, vigilando su culo.
el naturalismo cientifico
miércoles, 21 de marzo de 2007
La ciencia tiene un instrumento para la interpretación de la realidad de la vida en el planeta. Este instrumento es el naturalismo científico. La aplicación de los métodos de las ciencias se ha confinado con frecuencia a estrechas especialidades, y se han ignorado sus más amplias implicaciones en nuestra visión de la realidad. Pero es un error no aprovecharnos de su fuerza. Es necesario extender los métodos de las ciencias a otros ámbitos que afectan la vida humana. Aunque territorio vedado hasta hace poco para ello, el futuro campo de acción, el más revolucionario, será el de la moral. Por primera vez, las investigaciones en materia de ciencias del conocimiento, partiendo de argumentos teóricos procedentes de la filosofía moral, han permitido resolver la antigua controversia sobre el origen y la naturaleza de la moralidad.
El naturalismo sostiene que no hay suficiente evidencia científica para las interpretaciones espirituales de la realidad, ni tampoco para la afirmación de causas ocultas para lo que vemos ocurrir. Lo que somos capaces de advertir es que las clásicas doctrinas trascendentalistas recogen los apasionados anhelos existenciales de unos humanos que desean sobrevivir a la muerte. Es un aspecto fundamental. La angustia del conocimiento de la muerte que tiene un animal consciente y autobiográfico como somos nosotros crea un desequilibrio vital. Pero ahora sabemos muchas más cosas que hace, simplemente, 20 años. La teoría científica de la evolución proporciona un informe mucho más contrastado y parsimonioso acerca de los orígenes humanos; y se basa en evidencia extraída a partir de un amplio número de ciencias.
El naturalismo sostiene que no hay suficiente evidencia científica para las interpretaciones espirituales de la realidad, ni tampoco para la afirmación de causas ocultas para lo que vemos ocurrir. Lo que somos capaces de advertir es que las clásicas doctrinas trascendentalistas recogen los apasionados anhelos existenciales de unos humanos que desean sobrevivir a la muerte. Es un aspecto fundamental. La angustia del conocimiento de la muerte que tiene un animal consciente y autobiográfico como somos nosotros crea un desequilibrio vital. Pero ahora sabemos muchas más cosas que hace, simplemente, 20 años. La teoría científica de la evolución proporciona un informe mucho más contrastado y parsimonioso acerca de los orígenes humanos; y se basa en evidencia extraída a partir de un amplio número de ciencias.
los ungidos
lunes, 19 de marzo de 2007
Arcadi Espada en el blog de ayer menciona los artículos de Ignacio Sotelo y de Francisco Fernandez Buey que, en El país , se preguntan el por qué de que algunos intelectuales de izquierdas se vuelvan de derechas. Arcadi dice que ellos mismos dan la respuesta, sobre todo este segundo. Yo, después de leer lo anterior, imagino que sospecha razones de indigencia, precisamente, intelectual. Son artículos de un autobombo sin límites, un ejercicio desdichado de exclusión del otro, de una superioridad moral escarnecedora de la realidad de los hechos, de un narcisismo impúdico (ese definirse modestamente como “rojo”, acompañado de “tener pensamiento propio), de un decidir arbitrario quien entra en el grupo de los ungidos y quien es dejado fuera. De un cinismo y una traición realmente freudiana (¡que valga eso para algo!) de la sintaxis como la que evidencia el conseller de Relaciones Institucionales Joan Saura que en su defensa de la ley de creación del Memorial Democrático, dice que esta ley pretende "reconocer a todas las víctimas (de la Guerra Civil y la dictadura), con independencia de su adscripción política", pero añade que "no se puede trasladar a todas las ideologías". ¿Qué quiere decir eso?
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Felicidades pepes y Pepepezzzzzzz
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Yo, como Anton Uriarte, también espero la llegada del frío.Aunque se me hielen los lirios que ya despuntan.
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Felicidades pepes y Pepepezzzzzzz
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Yo, como Anton Uriarte, también espero la llegada del frío.Aunque se me hielen los lirios que ya despuntan.
hasta el dia 19
viernes, 9 de marzo de 2007
Queridos amigos: no habrá lonja la semana que viene. Volveremos coleando el dia 19.Hasta entonces.Saludos.
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