Siempre que afloran los prejuicios éticos o nacionales,
en tiempos de escasez, cuando se desafía la autoestima o vigor nacional,
cuando sufrimos por nuestro insignificante papel y significado cósmico
o cuando hierve el fanatismo a nuestro alrededor, los hábitos de pensamiento
familiares de épocas antiguas toman el control. La llama de la vela parpadea.
Tiembla su pequeña luz. Aumenta la oscuridad.
Los demonios empiezan a agitarse (Carl Sagan).

Hitchens y el aborto

jueves, 19 de enero de 2012



Ni los no creyentes tenemos una manera materialista e inmisericorde de contemplar los dilemas sociales ni son las sociedades más impregnadas de fantasía las que mejor subsisten. “No conozco ninguna sociedad que hubiera sufrido nunca a causa de un exceso de sentido común” dice Sam Harris, y, según datos que aporta este autor provenientes del United Nation’s Human Development Report (2005) las sociedades más a secularizadas, Noruega, Islandia, Australia, Canadá, Suecia, Suiza, Bélgica, Japón. Países Bajos, Dinamarca y el Reino Unido son realmente las más saludables, como indican sus promedios en expectativa de vida, alfabetización, renta per cápita, nivel educativo, igualdad de sexo, tasa de homicidios y mortalidad infantil. Por contra las 50 naciones peor situadas en el ranking en términos de desarrollo humano son las más vehementemente religiosas. Naturalmente, como dice Harris, los datos correlacionales de este tipo no indican relaciones de causa efecto: ni creer en Dios conlleva disfunción social, ni la disfunción social conlleva la creencia en Dios. Pero sí demuestra que el ateismo es perfectamente compatible con una vida social sana y con las aspiraciones básicas de la sociedad civil. Y, desde luego, que una sociedad de creyentes no garantiza una salud social.

La mayoría de personas incluso las que se declaran no creyentes practican una suerte de diezmo y suelen ser muy antagónicas con los ateos, a quienes acusan de ser radicales. Suponen que el ateismo es materialista y hedonista y le dan a ambos términos un sentido despectivo. Y ni siquiera es cierto. Un ateo no tiene por que ser especialmente hedonista. Más bien diría yo que, en el caso del humanista secular, su filosofía es más bien estoica.

Se llevarían muchos una sorpresa si supieran que un ateo no es necesariamente alguien con una visión fría y quirúrgica en cuestiones tales como la eutanasia o el aborto. Muchas veces un mayor conocimiento de la ciencia y del ejercicio de la razón lleva a valorar con más fuerza la vida. Fíjense qué dice Christopher Hitchens[1] sobre el aborto:

Dada mi condición de materialista, creo que se ha demostrado que un embrión es un organismo y una entidad independiente, y no meramente (como algunos defendían) un bulto añadido al cuerpo o en el cuerpo del organismo femenino. Solían ser las feministas quienes decían que no era más que un apéndice, o incluso un tumor (esto se argumentaba en serio). Esa insensatez parece haberse frenado. Una de las consideraciones que la han frenado es la fascinante y conmovedora imagen proporcionada por el ecógrafo, y otra la supervivencia de bebés “prematuros” con el peso de una pluma que han alcanzado viabilidad fuera del útero materno….La embriología corrobora la moral. Aún cuando se utilicen con un tono politizado, las palabras “niño no nacido” describen una realidad material.


[1] Dios no es bueno. Christopher Hitchens. Ed. Debate.

5 comentarios:

Francisco García Gómez de Mercado dijo...

Un tema muy complejo el aborto. Siempre es lamentable pero me parece razonable su despenalización en ciertos casos o con detetminados límites; pero nunca su fomento como medio anti o contraceptivo.

Fatima dijo...

Por supuesto, hay ateos que no defienden el aborto, del mismo modo que hay religiosas que si lo hacen. Sor Teresa Forcades habló sobre la indisociabilidad del feto del cuerpo de la madre y toda la caverna se le echó encima. Le han llamado de todo, de monjita conspiranoica para arriba. Está claro que en este tema hay demasiado dogmatismo y poca disposción a debatir en profundidad. Ese es el auténtico problema, la voluntad de decidir sobre el cuerpo de la mujer, sin escuchar argumento alguno. Nos tildan de asesinas, cuando muchas veces no tenemos otro remedio que interrumpir el embarazo. He llegado a escuchar que, incluso después de una violación, la agredida tiene el deber de seguir adelante con la gestación. La culpa siempre es de la madre, por supuesto. ¡Qué asco!

Mujer-Pez dijo...

Bien, Fátima (gracias por escribir), mi intención era sólo señalar que existen absurdos prejuicios contra los no creyentes.
Un saludo cordial

Rawandi dijo...

Un embrión humano carece de la capacidad de sufrir, mientras que un niño sí posee dicha capacidad. Por tanto, es ridículo llamar "niño no nacido" al embrión humano. Desde el punto de vista moral, el embrión humano tiene el mismo 'valor intrínseco' que un geranio o que cualquier otro organismo no sintiente: Un valor moral intrínseco nulo.

Fatima dijo...

Teresa, gracias por responder, el propósito de mi mensaje era señalar que también existen absurdos prejuicios contra los "si creyentes". Un saludo.