Siempre que afloran los prejuicios éticos o nacionales,
en tiempos de escasez, cuando se desafía la autoestima o vigor nacional,
cuando sufrimos por nuestro insignificante papel y significado cósmico
o cuando hierve el fanatismo a nuestro alrededor, los hábitos de pensamiento
familiares de épocas antiguas toman el control. La llama de la vela parpadea.
Tiembla su pequeña luz. Aumenta la oscuridad.
Los demonios empiezan a agitarse (Carl Sagan).

El exilio preventivo de los Pinker

lunes, 16 de enero de 2012

Dijo Eric Hoffler en su dia que nada mueve más al fanático que un objetivo impreciso. Si tu quieres exaltar los ánimos, promueve acciones sobre cuestiones nunca bien explicitadas. Desde las instituciones y acólitos en Cataluña, se ha insistido siempre en que el castellano no era un enemigo a batir. Que la promoción del catalán nada tiene que ver con demonizar el castellano. Pero saber de qué va la cosa, lo sabemos todos. Fijémonos la que han armado los mossos utilizando el catalán como arma ofensiva. Y, ojo, hablamos de la lengua en su condición más etérea, no de que lanzaran diccionarios a la cabeza de nadie. Ahora vemos cómo de golpe, e-noticies considera interesante poner en primera plana lo que podría haber pasado con igual pena pero con menos gloria en cualquier otra ocasión. Ahora los mossos son más que nunca gossos.

El tribalismo se nutre y se alienta con semi entendidos que cuando menos se escarba en ellos, más movilizadores resultan. Steven Pinker, en el libro con el que doy la lata profusamente en estos días, dice que, en 1970, el partido separatista de Quebec que acababa de ser elegido, estimuló lo que se perfilaba como un filón de emociones patrióticas. Y entre otras "trappings of Quebecois patriotism" reemplazó el anterior lema de las placas de matrícula "La Belle Province" por "Je me souviens". Nunca quedó claro qué era lo recordado, pero la gente lo interpretó como la nostalgia por la New France, conquistada por los británicos en la guerra de los Seven Years en 1763. Dice que toda esa súbita recuperación de la memoria hizo que algunos quebequenses anglófilos de SU generación se pusieran nerviosos e iniciaran un éxodo hacia Toronto. Y lo dice con estas palabras.


Actualización: quiero remarcar que Pinker es judío. La palabra que utiliza es "exodus".

1 comentario:

Francisco García Gómez de Mercado dijo...

Yo me fui. No lo llamaría éxodo ni exilio, pero me fui. Y esas cosas sin duda tuvieron su parte de culpa. Que Felip Puig prefiera que le piten y abucheen en catalán a que le hablen en castellano es deleznable, es una vergüenza como gente así gobierna Cataluña desde hace años.