Siempre que afloran los prejuicios éticos o nacionales,
en tiempos de escasez, cuando se desafía la autoestima o vigor nacional,
cuando sufrimos por nuestro insignificante papel y significado cósmico
o cuando hierve el fanatismo a nuestro alrededor, los hábitos de pensamiento
familiares de épocas antiguas toman el control. La llama de la vela parpadea.
Tiembla su pequeña luz. Aumenta la oscuridad.
Los demonios empiezan a agitarse (Carl Sagan).

de hombres y pilas

martes, 10 de junio de 2008

Bibiana es una ministra también De la Vogue. Socio-fashion. Posh modernista. De yo arreglo esto de buen rollo. El mundo es algo que va mal porque hombres y mujeres son imbuidos por esta sociedad de unos roles negativos. Y ya se sabe que los roles se quitan y se ponen. Si no hay más toreras en la plaza ni más chicas motoristas arriesgando la vida en los circuitos es porque la sociedad lo impide con prejuicios decimonónicos. Aquí se monta un ministerio que haga pedagogía de la Igualdad y, en dos días, a las "mujeres desesperadas" las vemos rompiéndose las uñas "al filo de lo imposible". Nos gusta el hombre fuerte, protector, viril, más alto que nosotras -desde luego-, barba cerrada, que tenga lo que hay que tener para los negocios y las empresas. Que busque el éxito. Pero que sea dulce, sensible y no se avergüence de llorar. Que agarre la escoba con gracia y que planche como los ángeles. Que sea megasexual y metrosexual. Todo a la vez.

Según tienen entendido esos posh, hombres y mujeres son iguales y las diferencias que vemos son resultado de una desafortunada educación. Y van a educarles a ellos. Para que aprendan les sale más caro agredir a la pareja. Y la Constitución que diga misa. Y se les pone un teléfono, por si en plena ofuscación les da por acordarse y “canalizar” por ahí su agresividad. Por un lado creen que la tabla está rasa y niegan la diferencia entre sexos. Por el otro creen que está scripta y convierten a todos los hombres en una masa de carne idéntica (en agresividad de género, consustancial en la cosa de ser hombre). La Ley de Protección Integral contra la Violencia de Género no ha impedido que siga habiendo violencia doméstica, con el más fuerte abusando del débil. Hay quien habla de portentoso fracaso. Los juzgados están desbordados de demandas. Pero eso no les amilana en absoluto. Es más, apuntan más alto. Ahora van a crear “otro modelo de masculinidad”. Igual empiezan por el telefonillo y, si con eso no basta, les envían una muñeca hinchable a todos los frustrados para que “canalicen” con ella lo que haya que canalizar.

A mí, como mujer rodeada de hombres maravillosos (aunque no siempre ha sido así, claro. Esto no es disneylandia), me da vergüenza que se les trate como la parte demoníaca y aberrante de la sociedad. Sobre los maltratadotes ha de caer la ley con toda severidad. Y, si por mí fuera, muchos no saldrían de la cárcel. Pero me parece esperpéntica la imagen de esta chica alegremente vestida de rojo dictaminado soluciones de Srta. Pepis y con responsabilidad y presupuesto para cuestiones de gran calado para las que no tiene ninguna preparación. Sólo desde la progresía más caduca es posible plantearse 1) que haya que cambiar la feminidad y la masculinidad que hoy impera sin matices 2) que para eso baste un ministerio. Los hombres y las mujeres nos hemos hecho los unos a los otros durante centenares de miles de años. Unos somos resultado de los otros. Por ejemplo, y sin querer mostrarme como una vulgar interesada, el macho humano tiene un pene de una largura, grosor y flexibilidad que no lo tiene ningún otro primate. Y los investigadores se inclinan por una selección sexual progresiva antes que por una selección entre machos por motivos de estatus o de poder. Vigila, niña Aído, que en el lote “masculinidad” van muchas cosas. Igual te encuentras con que el nuevo modelo no tiene pilas y ya no puedes cambiarlo.

13 comentarios:

Abate Marchena dijo...

Entre los primates es cierto que se ha llegado a eso por selección natural.
Ahora bién en el mundo animal los équidos nos eventajan tres veces en tamaño.

Tras años de que la mujer israelí luchase por conseguir en los kibutz la igualdad dentro de ellos, en la actualidad ha quedado como una quimera del pasado.

Daedalus dijo...

Mi faceta masculina -que, como sabes, me define pero no me determina- es todavía suficientemente fuerte como para no sentirse avergonzada. Es mi persona al completo la que se siente inundada por una marea de verguenza ajena, como me ocurre siempre que contemplo la estupidez desnuda.
Por encima de ello, pena y solidaridad con todas las mujeres, que son usadas como género en ese sentido -mercancía- tan excelentemente mostrado por Arcadi Espada en su artículo de hoy.

Jorge dijo...

Excelente. Segundo artículo que pone en evidencia el señuelo gubernamental que leo hoy. Es usted un bálsamo.

Brian dijo...

Hoy no te ha quedado mal el artículo, m-p. Claro, que así se las ponían a Fernando VII; con miembras como esta, hasta yo me atrevería a hacer un artículo demoledor. ;-)

goslum dijo...

Aída, llamadme Aída.

goslum dijo...

Aída, mejor llamadme Aída.

Juan Carlos dijo...

Dicho de otra manera: http://generacion-x.blogspot.com

Anamen dijo...

Bravo, yo también soy mujer y también estoy cabreada, a la vejez viruelas y a los hombre teléfono. Y por qué no nos ponemos a cantar el All We are Friends? ya de paso quedaría más fashion, perfectamente conjuntado, un escenario perfecto para un vodevil patético. Hay que joderse con la Bibi. Y la llamo así porque soy más vieja que ella. La cara al vent???..
Nos ha jodío mayo.

Maite dijo...

Excelente Mujer Pez, me he reído mucho, que es lo que hay que hacer en estos casos. En Francia ya comienzan las emisiones de "hombres maltratados"por sus esposas...así que por aquí ya vamos acercàndonos a la Igualdad...

Juan dijo...

La estructura peneana es muy costosa desde el punto de vista energético como para que la naturaleza se permita lujos innecesarios como tamaño y grosor. Por lo tanto la mayor o menor longitud debe tener una ventaja evolutiva. En el gorila espalda plateada, en el que el macho dominante es el único que procrea con las hembras del grupo, el tamaño del pene es ciertamente minúsculo.

Mujer-Pez dijo...

Este es uno de los motivos, Juan, para que se piense en una selección sexual. sobre el tema de lo "costoso" como exhibición sexual conocerá sin duda la obra de Amotz Zahavi.
Un saludo
Teresa

Juan Poz dijo...

Yo quise ser escritor para estar en igualdad de condiciones frente a la decantadísima violencia de las schwarzenegger de la sin hueso. Por otro lado, tras cada caso de violencia contra las mujeres,o de éstas contra los hombres, hay todo un mundo cuyo análisis e inteligibilidad llevaría lo suyo. Estoy con nuestra anfitriona: nos conformamos mutuamente; somos obra los unos de los otros. Para bien o para mal, o para regular...

Cid Capeador dijo...

Me gustan los toros, pero en general soy más partidario de los toreros. Creo firmemente que la muerte del torero no debería estar incluida en el precio de la entrada, por mucho que cueste en la reventa. Aunque este país está tan lelo que ya no me sorprendería que se le concedieran al toro, tras certera cornada, las orejas y el rabo del torero. Es posible que los anticlimáticos y antitaurinos lo prefieran así, pero yo no. Esta crónica, en un mundo en el que los mitos se escriben con Z, me parece absolutamente excesiva.


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ZABALA DE LA SERNA. MADRID.
José Tomás se entregó a vida o muerte, de principio a fin. Y el fin fue trágico como la tarde, dramática, dura de sangre y arena. El valor de José Tomás no conoce límites, transgrede la razón, la atropella, supera y destroza. Rotos los esquemas, rota la taleguilla, desgajadas las carnes. Ni un resquicio a la tranquilidad. Ni un paso atrás. Todo hacia delante. Ni siquiera cuando el sobrero de El Torero se lo pasó de pitón a pitón en el remate de una serie zurda. No lo soltaba, y, cuando lo hizo, José Tomás volvió a la carga. La sangre caía por los boquetes de seda del dios de piedra de Galapagar, que es de carne y hueso, aunque no lo parezca. Y el corbatín, ese corbatín que ya parece una soga al cuello, en Málaga, en Jerez, suelto otra vez de un pitonazo. La plaza calló en su silencio sepulcral. Las protestas acertadas por los cuernos bastos y astillados del toro quedaron atrás. José Tomás se enfrontiló por manoletinas, se tiró a matar a topacarnero y mató. La emoción se desató. José Tomás, como un Cristo bajado de la Cruz, sudaba sangre. La gloria de los pañuelos y las orejas recompensaban tanta entrega; la emoción, la adrenalina incontenida, el honor de las medallas conquistadas como rosetones encarnados, de ver a un tío en pie, crujido de dolor, tapaba los defectos de los naturales enganchados y hacían más grandes las series de derechazos templados como la anatomía de una ola por el lado bonancible y positivo del toro hiriente de izquierdas. La imagen de JT caminando hacia la enfermería con las trofeos en las manos era épica descarnada.
La batalla también había sido de bayoneta calada en el anterior, un toro de Puerto de San Lorenzo cinqueño, con mucha cara y manso navajero. A José Tomás, a tumba abierta desde que pisó el ruedo, apenas le salió nada limpio con el capote. Se imponía la actitud de la quietud por encima de la limpieza en chicuelinas o gaoneras. La apuesta caminó siempre por la cuerda floja del terror y el vacío de vértigo de un precipicio tenebroso. Tenebrosa la gloria de José Tomás. Rodilla en tierra abrió faena. Pronto se echó la muleta a la zurda. La colada de la bestia avisó; en la siguiente no perdonó. O sí, porque las astifinas astas empalaron al torero sin ensartarlo. La sangre de su rostro era del morrillo, de la caída a plomo sobre las banderillas. Cambió de mano, y hacia adentro, a tablas, en el «4» el toro se los tragaba; hacia las afueras, las dentelladas rozaban las femorales y la faja. Las distancias se habían reducido. La gente no respiraba.
Patetismo trágico belmontista
Y cuando parecía que el miedo tocaba a su final volvió a presentar la izquierda en una llamada terrorífica. Tropezó el toro a José Tomás, como lo había tropezado uno de El Fundi en un quite de capote a la espalda hasta tirarlo con los cuartos traseros. Demasiado. Vivíamos la versión B de José Tomás, distinta a la bella del pasado día, a puro huevo ésta, pasase lo que pasase, patetismo trágico belmontista de la Edad de Oro. Otra oreja, que había sido la primera de las tres. Puerta Grande abierta, Puerta Grande cerrada y cambiada por la enfermería.
Los cuatro toros de Puerto de San Lorenzo que pasaron el reconocimiento fueron desiguales y plenos de mansedumbre. El tercero humilló más y con nobleza aunque se vino abajo en la muleta de Juan Bautista; el altísimo primero derrotaba siempre por encima y sin fijeza del estaquillador de El Fundi, que realizó un esfuerzo último. Los remiendos de Victoriano del Río, con el hierro de Toros de Cortés, tampoco alcanzaron ni de lejos la excelsitud de otros ejemplares suyos lidiados recientemente. Feo el cuarto, andarín y pendenciero; sin clase ni ritmo el sexto, aun manejable. A José Tomás le falló su equipo de campo.
La séptima Puerta Grande se descerrajó para JT. Pero la salida a hombros fue por la enfermería, sobre una camilla, con tres cornadas, intactos el honor, el prestigio, la dolorosa gloria de una crucifixión voluntaria.


¡Demasiadas cogidas en una sola corrida! ¿No les parece?