Siempre que afloran los prejuicios éticos o nacionales,
en tiempos de escasez, cuando se desafía la autoestima o vigor nacional,
cuando sufrimos por nuestro insignificante papel y significado cósmico
o cuando hierve el fanatismo a nuestro alrededor, los hábitos de pensamiento
familiares de épocas antiguas toman el control. La llama de la vela parpadea.
Tiembla su pequeña luz. Aumenta la oscuridad.
Los demonios empiezan a agitarse (Carl Sagan).

no existe la crisis para la superstición

sábado, 27 de agosto de 2011

Estoy cenando con TV5. Culpa mía. Aunque el resto tampoco es mejor. Me entero de algo para gente que ve TV5 cuando está cenando. Europa financia a través del FEDER la construcción de un museo en memoria de ...¡un curandero! Rebusco por ahí. Hace cincuenta años, un tal Custodio Pérez se ganó una reputación al gusto del populacho haciendo milagros dando a los enfermos (supuestos) unas pastillitas que eran en realidad bolitas de papel de fumar. Eso merece 365.000 euros del contribuyente europeo. Hace unos días volvían con fuerzas renovadas los jetas de Bélmez. Esos le han sacado al mismo contribuyente nada menos que 858.000 . La España Negra ataca desvergonzada porque aquí todo vale.

Me dirá alguien que cerca de casa tengo un monumento con pinta de carísimo dedicado a Lluis Companys y que parece sacado de los “pastorets”. Otro tipo de superstición y otra España Negra.

Por ejemplo.

el milagro de Roger L. Simon

lunes, 15 de agosto de 2011

Cómo defender una postura moral y mantener sólidos principios desde la irreligiosidad. Cómo creer en el ser humano y luchar por él, por un extraño, sí, pero un semejante, el hermano de especie…

Hace unos días volví a ver por casualidad la maravillosa, fantásticamente interpretada, dirigida y fotografiada “El milagro de Ana Sullivan” (The Miracle Worker), de Arthur Penn. La lucha de Ana Sullivan para lograr la comunicación con su pupila Hellen Keller, sorda y muda casi de nacimiento, fue titánico y desde luego hoy en día sería objeto de sanción penal (sus forcejeos y castigos –dejarla sin comer, por ejemplo- son antológicos). Uno no puede dejar de admirar su entrega a una empresa aparentemente imposible por la firme convicción de que allí hay un ser humano que merece emanciparse y salir de las tinieblas de la animalidad.

Eso, sí: con la Biblia en la mano. Porque, según el film, Ana Sullivan quería salvar aquella alma.

¿Podría tener un ateo la misma “fe” , la misma convicción, la misma seguridad de que hay algo ahí por lo que merece la pena pelear, batirse, incluso a costa de la propia seguridad o bienestar en la vida?¿Y defenderlo a pesar de lo políticamente correcto, de la demoscopia, de las opiniones imperantes?

Me he acordado de todo ello leyendo un post de Roger L. Simon en Pajamas Media. Este periodista, autor del libro Blacklisting Myself que espero poder leer muy pronto, es un individuo fascinante. Novelista (creador del personaje de novela negra Moses Wine ) y guionista de Hollywood, ha recorrido un itinerario que partió de la contracultura y de las drogas de los 60 y pasó por un izquierdismo feliz y descerebrado. En los 70 y los 80 visitó China, Cuba y la Unión Soviética y en conjunto le parecieron paises con unos escenarios tan terribles como los de Animal Farm de Orwell. Si embargo, su momento de crisis no llegó del todo hasta que EEUU fue testigo del caso OJ Simpson y del escandaloso trato que le dio el jurado declarándole no culpable. La actitud políticamente correcta e injusta que amparó el hecho, la acomodación a un esquema progre por parte de los medios de comunicación y del mundo del arte y del cine, de donde él provenía, le hizo renegar de la cultura “liberal” (en sentido anglosajón) a la que había pertenecido. Ciertos comportamientos de la izquierda durante el 11M fueron su vuelta de tuerca definitiva. Su blog disidente empezó a ser muy conocido y de ahí acabó fundando Pajamas Media.

Roger L. Simon analiza el carácter y fortaleza del gobernador republicano del estado de Texas, James Richard Perry, Rick” Perry, ultraconservador y ferviente cristiano, candidato a presidencia de EEUU. Simon, ateo, se pregunta si podría votar a un hombre como él. El momento económico es muy preocupante y se teme, incluso en EEUU, entrar en una depresión. La política internacional no es alentadora y hay un fundado temor por la ola de despotismo que significa el avance de la Jihad. Ante un mundo tan turbulento, ¿quién en EEUU podría enfrentarse a ello? Se necesita desesperadamente una persona con capacidad de liderazgo, no cabe duda. Pero no el tipo de político acomodaticio y oportunista que es tan habitual. Se requiere a alguien que no sea tibio y ambivalente, como Obama. Alguien capaz de dar la cara por los valores de la civilización occidental y hacerlo tanto de manera política, como económica o como militar si fuera preciso. Alguien… inspirado moralmente. Alguien como Ronald Reagan, antes muy desprestigiado, y no digamos en nuestro país, pero cuyos principios y firmeza son ahora ampliamente reconocidos por todo el espectro político americano (incluso, públicamente sí, por el mismo Obama).

Simon cree que, por desgracia, esa pasión y esa fortaleza no se encuentra en las filas de los seculares y los agnósticos. Y que quizá un hombre con un perfil religioso como Perry podría ser la única solución.

¿Qué pasa para que un no creyente desconfíe tanto de los que no creen? Lamentablemente, en la filas de los agnósticos y seculares campa el nihilismo y el relativismo moral. No ha podido constituirse un tipo de filosofía, de cultura secular con una comprensión y valoración adecuada del papel de los principios y de la ética en la sociedad. Y esto es un gran fracaso.

¿Sigue siendo necesaria la Biblia de Ana Sullivan para aquellas empresas que requieran inspiración, fortaleza, firmeza y bases sólidas? Pensadores como Sam Harris, Paul Cliteur o el filósofo Paul Thagard trabajan para crear ese humanismo secular, esa filosofía ética que se fundamente sobre bases naturalistas que debería ser el punto de encuentro de creyentes y no creyentes. Ese seria el manantial de la nueva fuerza moral. Sin embargo, seguimos anclados en un mundo dicotómico, izquierda/derecha, valores/relativismo completamente falso. Si no avanza pronto, será difícil defenderse de la vuelta de los bárbaros.

todos los cuerpos: el cuerpo

jueves, 11 de agosto de 2011

Una vez leí que las mujeres tenemos una percepción corporal de unos 35 años. Por lo que entendí, nos quedamos ancladas en el recuerdo de la entrada en la madurez. No sé en qué se basaba ni en qué estudios. Pero sí es verdad que las mujeres (no puedo hablar por los hombres) a partir de un momento experimentamos sorpresa cuando, desprevenidas, vemos nuestra imagen en un espejo y no nos encaja con lo que debería ser. Y, sí, más o menos es aquella treintañera aún llena de frescura y vigor.

Todos sabemos que no envejecemos por dentro. Y ese es el gran drama. Así que fingimos y a veces hasta extremos que merecen portada. Por ejemplo, la señora duquesa de Alba, su novio y sus florecitas en el pelo. Y no digamos esta excusa de una bisabuela enhiestamente operada –“ mis pechos iban en una dirección y mi cerebro en otra”- que por no ser de una ironía bastante fina es menos traída por los pelos.

También hay sorpresas. O no. Las mujeres obesas solteras pierden en el mercado matrimonial pero ganan en el del trabajo. El motivo: por un lado, son conscientes de que nadie va a mantenerlas ni a compartir gastos con ellas y se esfuerzan más. Por el otro, asumen sin rechistar puestos sin visibilidad pero que pueden estar bien remunerados.

Es un alivio no tener alma porque el cuerpo ya es inabarcable. La de posts que puede generar...

La responsabilidad personal: caso práctico

martes, 9 de agosto de 2011

Hace unos días paseaba con un amigo con quien comparto algunas de mis inquietudes favoritas. Igual que yo había leído el artículo "El cerebro a juicio" de David Eagleman que Arcadi Espada había mandado traducir a la estupenda Verónica Puertollano y que también habíamos colgado en Tercera Cultura. Mi amigo es tan tajante como Espada sobre la influencia en el comportamiento de la genética y la biología en general, y está de acuerdo plenamente con esta frase de su post: "El principal reto del futuro será vivir en un mundo donde la responsabilidad personal se habrá diluido".

Yo también estoy convencida de que los nuevos avances en neurociencias harán que muchas disciplinas modifiquen sus planeteamientos de manera progresiva. Pero dudo de que sea posible una sociedad donde la responsabilidad personal o la culpa dejen de tener un papel destacado. Si la conducta está determinada, las reacciones ante la conducta, también. La necesidad de reparación, de justicia, de que quien vulnere las normas sea sancionado es tan fuerte como el impulso irresistible a saltárselas de un sujeto concreto.

Se me ocurrió contarle un caso que me fascinaba. Hace un tiempo, una mujer a quien conocía sólo superficialmente, sabiendo mi interés por ciertos temas, tuvo la confianza de participarme de algo muy privado. Por problemas médicos que serían largos de explicar, dejó de producir las hormonas típicamente femeninas, estrógenos y progesterona. Y, aparentemente, los andrógenos adquieron un protagonismo inusitado. Poco a poco y ante su sorpresa (según ella, había sido más bien "sosa") su libido empezó a ser más potente. Hacía 20 años que vivía en un fiel y feliz matrimonio y se encontró en una aventura extraconyugal.

Le pregunté a mi amigo que qué haría él en este caso. Y fue implacable: jamás perdonaría a su mujer una infidelidad. Se separaría de ella sin dudarlo. Le recordé las circunstancias hormonales del caso en cuestión y su posible influencia en la decisión de la señora. Por la cara que puso, vi que le harían falta informes médicos muy contundentes para valorar siquiera un pretexto como éste.

Arcadi Espada también dice en el post que "hasta ahora la ciencia es capaz de señalar el origen biológico de las desviaciones exageradas. Pero la cuestión no es que las desviaciones comunes no lo tengan" y mi amigo suscribe esta aseveración de forma muy sincera. Mi amiga alborotada es muy probablemente uno de estos casos de "desviación común". Pero lo que no sea válido en el dormitorio de casa, ¿cómo va a serlo a escala social? No puede construirse en serio la casa por el tejado.

Podría ser que con el tema del determinismo en la conducta suceda como con la física cuántica, la del microcosmos. Todos sabemos que la materia en realidad no es sólida. Lo que ocurre es que no sólo no lo tenemos en cuenta en la vida real, la del macrocosmos. Es que sería muy peligroso si lo hiciéramos. La de batacazos que nos daríamos. Por este motivo, nosotros y nuestros televisores de plasma vivimos en mundos agradablemente paralelos.

Pero el conocimiento de nuestro cerebro y de nuestra biología es asombroso. Veremos en el futuro de qué manera nos cambiará la vida.


señorita Mari: acuda a caja por favor

jueves, 4 de agosto de 2011

Estuve hace poco en un centro comercial y me pareció estar en la plaza de un pueblo. Niños corriendo y gritando y grupillos de jubilados rememorando antiguas anécdotas y echando vistazos furtivos a mozuelas exhibicionistas.

Una de las ideas más generalizadas es la de que el ser humano se ve viviendo progresivamente en espacios que no se compadecen con su naturaleza y que por ello sufre consecuencias físicas y psicológicas. La psicología evolutiva y otras ciencias de la mente también han sostenido desde hace años que el nuestro es el cerebro de una criatura del Pleistoceno que se ha encontrado en un ambiente para el que aún no ha tenido tiempo de evolucionar.

Sin embargo, cada vez es más discutido. Muchos investigadores se inclinan por pensar que hay indicios de que se han producido cambios y más rápidos de lo creído, los más llamativos en la dieta humana y en la diseminación de ciertas enfermedades. Y todo ello claramente promovido por nuevos hábitos culturales.

Así que cuando nos escandalicemos por cómo se han impuesto entornos nuevos como un centro comercial, verdadera urna de intercambio social, económico y, a veces, habitacional, pensemos que, como dice este artículo , lo que es realmente improbable es que los seres humanos diseñen entornos para los que estén mal ajustados. Posiblemente, al contrario.

Isis, no te quites el velo que llevas un roto en las bragas

lunes, 1 de agosto de 2011

Incluso hoy existe discriminación hacia las mujeres en muchos estamentos. Las mujeres siempre somos sospechosas de "mujerilidad". Tienes que evitar ciertos comentarios o referencias (aunque sean humorísticos) para que te tomen en serio. Por ejemplo, me lo pensé dos veces (sólo dos y medio segundo) antes de hablar de mi sueño recurrente arrastrando el carrito. Sin embargo, tengo muchas dudas sobre el techo de cristal y las diferencias estructurales de trato y de sueldo que exhibe cierto feminismo. Vale la pena leer a Warren Farrell, nada machista.

Pero hay señoras muy agudas que saben analizar determinadas situaciones y determinadas respuestas emocionales de forma brillante (por algo son brilliant women) dando consejos muy pertinentes. Uno de ellos tiene que ver con algo muy incómodo para nosotras: la arrogancia.
¿Tenemos las mujeres (brillantes o algo más apagadas) que ser un poco menos humildes?

A mi me pasa una cosa. A veces se me acerca la gente con cierta prevención. Tienen una idea de mi que les lleva a pensar que no voy a ser exactamente friendly. Esa no es la parte mala. Lo peor es que si lo soy se decepcionan. Es algo que siempre me chocó. Pero hoy estoy en mejores condiciones para valorarlo. Incluso para divertirme haciéndolo. Algún día hablo de status, jerarquía y sado masoquismo. Da para mucho.

Mi marido, que es quien mejor me conoce del planeta, lo vio claro hace tiempo. Es un poco triste que te digan: "sobre todo que no te conozcan de verdad". O: "ganas más si no saben cómo eres". En teoría eso es un contra-consejo. No lo busquen en ningún libro de auto ayuda. Tampoco es violencia psicológica doméstica. Es crudo realismo marital. Él sabe que, como aquel rey, voy desnuda. Por lo menos de ciertos rasgos que garantizan el respeto más primario. Algo que las mujeres realmente brillantes han sabido siempre de manera, quizá, innata. Hablo de hembras Alfa, esas leonas.

Las sardinas de lata son otra cosa.

Bicentennial Woman

jueves, 28 de julio de 2011

Bueno, pues empiezo por la muerte. Después de meses sin escribir en el blog, vuelvo con estas alegrías. Recuerdo que un amigo me dijo una vez que su sueño recurrente (de los del tipo “memento homine”) era ser perseguido por alguien con intención fatal y que cuando estaba en un tris de encontrarse con el gaznate rebanado se despertaba dando alaridos para alarma de pareja y vecinos. Yo he tenido varios, a cuál más malasombra. El último que voy al mercado y soy incapaz de ver qué tienen expuestas las paradas porque casi no hay luz y no puedo ver apenas nada. Es un sueño perfectamente marujil que no impide que lo viva con gran angustia.

Hace unos días en Big Think una especie de mega estoico se empeñaba en convencernos de que morirse no es una cosa tan mala y nos daba razones de por qué una buena vida no necesita ser una larga vida asegurando que (refiriéndose al temprano deceso de Amy Winehouse) “es triste irse a los 27, incluso a los 66. Pero esto no significa que uno no haya tenido una buena vida”.

Vaya bullshit. No hay nada que hacer. En un mundo donde casi nadie cree en la otra vida es inevitable poner todas las esperanzas en esta. Ray Kurtzweil es ya más conocido por abanderar tal casi desesperanzada esperanza que por sus inventos cibernéticos.

No queremos morirnos. Nos da mal rollo y es una perspectiva fastidiosa. Lo prueban multitud de webs y de blogs dedicados a temas tan variados como la criogénesis y que se llaman cosas como “Transterrestrial musings

He sabido a través de Pajamas Media de la muerte (a la vez que de la existencia) de Robert Ettinger, transhumanista, pionero en la investigación sobre la extensión de la vida. A los 92 años. Su imaginable decadencia física no le ha impedido quererse lo suficiente como para ser crionizado.

Este individuo me llena de estupor. Su vida es de un descaro y de una independencia de criterio que tiene poco parangón. Casualmente estos días estoy leyendo “La rebelión de Atlas”. Aunque puede ser irritante en algún momento, y en algunos sentidos algo pasada de moda (el tratamiento del sexo y de las relaciones entre hombres y mujeres, por ejemplo) tiene un poso de desafío asombroso. Ayn Rand es un personaje fascinante y absolutamente único. Que sea, además, mujer, le da una condición de rareza casi incomprensible (¿se imagina alguien una Ayn Rand española? Y no hablo de principios del SXX, sino ahora). Pues bien: todo me encaja cuando el autor del articulo de Pajamas Media dice que el movimiento Transhumanista tiene concomitancias con el Libertarian. Según él no debería sorprendernos. Los conservadores tradicionales creen que los hombres en definitiva pertenecen a Dios. Los izquierdistas les suponen unidades del Estado o del ciclo de la vida de Gaia. Sólo los libertarians creen que los individuos se pertenecen a sí mismos y quieren preservarse lo mejor y el mayor tiempo posible. De ahí la atracción por el Transhumanismo.

¿Una de las cosas que define nuestra humanidad es la muerte? Esa es la moraleja de “El hombre del Bicentenario”. Pero…,