Cómo defender una postura moral y mantener sólidos principios desde la irreligiosidad. Cómo creer en el ser humano y luchar por él, por un extraño, sí, pero un semejante, el hermano de especie…
Hace unos días volví a ver por casualidad la maravillosa, fantásticamente interpretada, dirigida y fotografiada “El milagro de Ana Sullivan” (The Miracle Worker), de Arthur Penn. La lucha de Ana Sullivan para lograr la comunicación con su pupila Hellen Keller, sorda y muda casi de nacimiento, fue titánico y desde luego hoy en día sería objeto de sanción penal (sus forcejeos y castigos –dejarla sin comer, por ejemplo- son antológicos). Uno no puede dejar de admirar su entrega a una empresa aparentemente imposible por la firme convicción de que allí hay un ser humano que merece emanciparse y salir de las tinieblas de la animalidad.
Eso, sí: con la Biblia en la mano. Porque, según el film, Ana Sullivan quería salvar aquella alma.
¿Podría tener un ateo la misma “fe” , la misma convicción, la misma seguridad de que hay algo ahí por lo que merece la pena pelear, batirse, incluso a costa de la propia seguridad o bienestar en la vida?¿Y defenderlo a pesar de lo políticamente correcto, de la demoscopia, de las opiniones imperantes?
Me he acordado de todo ello leyendo un post de Roger L. Simon en Pajamas Media. Este periodista, autor del libro Blacklisting Myself que espero poder leer muy pronto, es un individuo fascinante. Novelista (creador del personaje de novela negra Moses Wine ) y guionista de Hollywood, ha recorrido un itinerario que partió de la contracultura y de las drogas de los 60 y pasó por un izquierdismo feliz y descerebrado. En los 70 y los 80 visitó China, Cuba y la Unión Soviética y en conjunto le parecieron paises con unos escenarios tan terribles como los de Animal Farm de Orwell. Si embargo, su momento de crisis no llegó del todo hasta que EEUU fue testigo del caso OJ Simpson y del escandaloso trato que le dio el jurado declarándole no culpable. La actitud políticamente correcta e injusta que amparó el hecho, la acomodación a un esquema progre por parte de los medios de comunicación y del mundo del arte y del cine, de donde él provenía, le hizo renegar de la cultura “liberal” (en sentido anglosajón) a la que había pertenecido. Ciertos comportamientos de la izquierda durante el 11M fueron su vuelta de tuerca definitiva. Su blog disidente empezó a ser muy conocido y de ahí acabó fundando Pajamas Media.
Roger L. Simon analiza el carácter y fortaleza del gobernador republicano del estado de Texas, James Richard Perry, “Rick” Perry, ultraconservador y ferviente cristiano, candidato a presidencia de EEUU. Simon, ateo, se pregunta si podría votar a un hombre como él. El momento económico es muy preocupante y se teme, incluso en EEUU, entrar en una depresión. La política internacional no es alentadora y hay un fundado temor por la ola de despotismo que significa el avance de la Jihad. Ante un mundo tan turbulento, ¿quién en EEUU podría enfrentarse a ello? Se necesita desesperadamente una persona con capacidad de liderazgo, no cabe duda. Pero no el tipo de político acomodaticio y oportunista que es tan habitual. Se requiere a alguien que no sea tibio y ambivalente, como Obama. Alguien capaz de dar la cara por los valores de la civilización occidental y hacerlo tanto de manera política, como económica o como militar si fuera preciso. Alguien… inspirado moralmente. Alguien como Ronald Reagan, antes muy desprestigiado, y no digamos en nuestro país, pero cuyos principios y firmeza son ahora ampliamente reconocidos por todo el espectro político americano (incluso, públicamente sí, por el mismo Obama).
Simon cree que, por desgracia, esa pasión y esa fortaleza no se encuentra en las filas de los seculares y los agnósticos. Y que quizá un hombre con un perfil religioso como Perry podría ser la única solución.
¿Qué pasa para que un no creyente desconfíe tanto de los que no creen? Lamentablemente, en la filas de los agnósticos y seculares campa el nihilismo y el relativismo moral. No ha podido constituirse un tipo de filosofía, de cultura secular con una comprensión y valoración adecuada del papel de los principios y de la ética en la sociedad. Y esto es un gran fracaso.
¿Sigue siendo necesaria la Biblia de Ana Sullivan para aquellas empresas que requieran inspiración, fortaleza, firmeza y bases sólidas? Pensadores como Sam Harris, Paul Cliteur o el filósofo Paul Thagard trabajan para crear ese humanismo secular, esa filosofía ética que se fundamente sobre bases naturalistas que debería ser el punto de encuentro de creyentes y no creyentes. Ese seria el manantial de la nueva fuerza moral. Sin embargo, seguimos anclados en un mundo dicotómico, izquierda/derecha, valores/relativismo completamente falso. Si no avanza pronto, será difícil defenderse de la vuelta de los bárbaros.