moriremos de corrección política
Cuando la semana pasada el oficial del ejército americano Nidal Malik Hasan asesinó a 13 de sus compañeros de Fort Hood e hirió a más de treinta se intentó explicar la masacre como un acto transitorio de locura. Luego, como no, por el terror que le inspiraba al agresor su experiencia en Irak. Que fuera el hombre con atuendo musulmán y chillase como un poseso «Alá es grande» mientras tiroteaba al personal son detalles anodinos en los que se fijan sólo los mal pensados.
Theo van Gogh fue asesinado por criticar al islam en su película «Sumisión», aunque también se dieron explicaciones del todo peregrinas. En ambos casos, como dice este artículo , los perpetradores habían sido expuestos a las enseñanzas del yihadismo, con conexiones con Anwar al Mawlaki, un reclutador de Al Qaida, el primero. Así que parece cualquier cosa menos un "acto irracional" como opina el presidente americano.
No lo cree tampoco Ibn Warraq que denuncia la victimización del agresor y recuerda “the Root Cause Fallacy”, aquella falacia que se preocupa de unos porqués en supuestas raíces que atemperan la evidencia de unos hechos que están más claros que el agua. En este caso, y según sus palabras: "desviar la atención del Islam, para exonerar al Islam, que nunca tiene la culpa de los actos de violencia (que se cometen en su nombre).
Hace unos días una mujer embarazada fue objeto de una paliza por motivos religiosos. El escándalo pedía mayor resonancia mediática y mayor interés por parte de la administración. Pero la administración baila al mismo ritmo que esa obra maestra del pensamiento socialdemócrata, en su labilidad y delicuescencia que ofrece Manuel Rivas y comenta Santiago González en su blog.

